INDEPENDENCIA IMPERIAL
Desprendieron algunas plumas
y tornaron los ojos a la tierra,
al pico andino de las montañas,
a los bosques húmedos y tropicales,
al espejo de los ríos y los mares,
para soltarse en picada hacia la libertad,
veloces, como saetas por el aire.
Uno que otro, los pájaros rebeldes,
al tenor de un obligado escape,
tienen aun pegados en sus alas,
de viejas y frescas heridas,
coágulos de sangre;
mientras allá, en la alturas,
el águila imperial arruga,
frustrada e iracunda,
en sus cuchillas ansiosas, el hambre.
Independencia América, gritan,
las amas de casa en los portales,
afroamericanos, indígenas,
músicos, poetas, y gremios artesanales.
Es una locura de clamores por las plazas
con gente de pueblo e intelectuales.
América libre, dicen las voces,
desde el norte bajo hasta el alto sur,
por toda la patria de Bolívar y Sucre,
de Martí, de Neruda,
de Espejo, de Rocafuerte,
de Ernesto Guevara, de Alfaro Delgado,
de Andrés bello, de Rubén Darío,
de Transito Amaguaña,
de Gabriela Mistral, de Manuela Sáenz
y de Manuela Cañizares.
América libre dicen los grafitis,
los versos clandestinos y proscritos,
y las canciones populares.


